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¿Sueñan los [ex]convergentes con ovejas eléctricas?

Bien es sabido que los originales y los excéntricos se crían solos. No hubo época sin ellos y tampoco faltan en la nuestra. Ellos son los que enuncian hipótesis contrarias al sentido común y a la opinión general. Un tal Catodio Mattrass, filósofo de estar por casa y fanático por naturaleza, fundó la escuela de los llamados cibernófilos, que proclamaba la doctrina de la cibernética. Según ella, la humanidad fue producida por el Creador para fines parecidos a los que desempeña el andamio de una casa en construcción: los de medio, instrumento y ayuda en la creación de electrocerebros, más perfectos que los humanos. La secta de Mattrass consideraba que, una vez creados aquéllos, la existencia del género humano sería un simple malentendido. La escuela instituyó una orden de contemplación eléctrica y, en la medida de lo posible, protegía y daba asilo a los robots que tenían algo sobre la conciencia. El mismo Catodio Mattrass, no satisfecho del éxito de sus actividades, resolvió dar un paso radical hacia la liberación total de los robots del yugo humano. Con vistas a ello, después de consultar a los juristas más eminentes, compró una astronave y se dirigió a la nebulosa de Cáncer, relativamente poco alejada. Allí, en aquellas regiones vacías, sólo visitadas por el polvo cósmico, se dedicó a unas empresas secretas prolongando mucho su ausencia, durante la cual estalló el increíble asunto de sus sucesores.

El día 29 de agosto todos los periódicos trajeron una noticia misteriosa: «PASTA POLKOS VI/221 informa: en la Nebulosa de Cáncer fue descubierto un objeto de dimensiones 520 millas por 80 millas por 37 millas. El objeto efectúa movimientos parecidos a los de natación estilo clásico. Prosiguen investigaciones.» Las ediciones de la tarde aclararon que la nave Patrullera de la policía cósmica advirtió a la distancia de seis semanas luz a «un hombre en la nebulosa». Observado más de cerca, el llamado «hombre» resultó ser un gigante de varias millas de estatura, provisto de tronco, cabeza, brazos y piernas, que se movía en medio de una nube de polvo de poca densidad; al advertir la nave policial, la saludó con un gesto de la mano y se volvió de espaldas.

Una vez establecido (sin dificultad) el contacto por radio, manifestó a coro que era el ex Catodio Mattrass, que, llegado dos años atrás a aquel lugar escogido, se transformó, usando en parte materiales locales, en robots, y que pensaba seguir multiplicándose, sin prisas pero con constancia, porque le gustaba hacerlo. Terminó pidiendo que no se le molestara más.

El jefe de la patrulla no insistió, fingiendo que daba por buena la explicación de los hechos, pero escondió su cohete tras una nube de meteoritos que acertó a pasar por allí y esperó. Al cabo de un tiempo advirtió que el gigantesco seudohombre empezó a dividirse poco a poco en pequeños trozos, no mayores que las dimensiones normales de los individuos de raza humana. Estos fragmentos se reunían luego en una bola; semejante a un planeta de tamaño reducido.

Emergiendo entonces súbitamente de su escondrijo, el comandante interpeló por radio al supuesto Mattrass, preguntándole qué significaba aquella metamorfosis esférica, y quién era, concretamente, su interlocutor: ¿robot u hombre?

El requerido contestó que tomaba las formas que se le antojaban, y que no era robot puesto que fue concebido por un hombre, ni tampoco hombre, puesto que se había metamorfoseado en robots. Añadió que se negaba rotundamente a prolongar el diálogo. El asunto, comentado profusamente por la prensa, degeneró lentamente en un escándalo, ya que las naves en ruta por las regiones de Cáncer captaban fragmentos de discursos radiados por el llamado Mattrass, en los que éste se nombraba a sí mismo «Catodio Primero A». Según se podía entender, Catodio Primero A, alias Mattrass, se dirigía a unos oyentes (¿otros robots?), como si fueran pedazos de su propia persona, más o menos como si alguien hablara a sus pies o a sus manos. Los demenciales rumores acerca de Catodio Primero A sugerían que se trataba de un feudo instituido y poblado por Mattrass. El Departamento de Estado dio la orden de investigar inmediatamente y al detalle cuál era el aspecto real de la cuestión. Las patrullas encargadas de la misión informaron que en la nebulosa se movía tan pronto una esfera metálica, como un ser humanoide de quinientas millas de envergadura, que conversaba consigo mismo sobre múltiples temas. Preguntado por su nacionalidad, daba unas respuestas esquivas.

Las autoridades tomaron la decisión de cortar por lo sano y poner fin a las maquinaciones del usurpador, pero, puesto que la acción iba a ser oficial (forzosa e inevitablemente), era necesario darle un nombre. Y aquí se presentaron los primeros escollos. El decreto-ley de Mac Flacon constituía un anexo al código de procedimiento civil, referente a los bienes muebles. En efecto, los cerebros electrónicos son considerados como muebles, aunque no tengan patas. En cambio aquel insólito cuerpo en la nebulosa tenía dimensiones de un planetoide, y los cuerpos celestes, a pesar de que se muevan, se incluyen entre los inmuebles. Había que zanjar la cuestión de si era posible arrestar a un planeta, segundo, si se podía tomar por planeta a un amasijo de robots y, finalmente, si todo aquello era un solo robot o una multitud de ellos. Así las cosas, se personó ante las autoridades el consejero jurídico de Mattrass, presentándoles un escrito de su cliente, en el cual éste manifestaba que estaba preparando una expedición a la Nebulosa de Cáncer para transformarse allí en robots. La primera interpretación del hecho, propuesta por la Sección Jurídica del Departamento de Estado, fue la siguiente: Mattrass, al desmembrarse en robots, aniquiló automáticamente su organismo vivo, cometiendo, por tanto, suicidio, hecho no implicado en el código penal. En cambio el (o los) robots que eran su continuación, fueron producidos por él mismo, ergo le pertenecían en propiedad. Visto que Mattrass no había dejado herederos, sus propiedades debían pasar a la Tesorería del Estado. Basándose en este enunciado, el Departamento de Estado envió a la Nebulosa a un interventor oficial con la orden de embargar y sellar todo lo que encontrara en ella.

El abogado de Mattrass apeló, arguyendo que el reconocimiento, en el texto de la enunciación, del hecho de la continuación de su cliente excluía el suicidio, puesto que quien es continuado existe, y quien existe, no cometió el suicidio. Por lo tanto, no había ningunos «robots pertenecientes a Mattrass», sino Catodio Mattrass tan sólo, que se había transformado según le apetecía. Ninguna metamorfosis corporal es, ni puede serlo, castigable: tampoco era licito el embargo judicial de una parte del cuerpo de quien fuera, sean dientes de oro, o robots.

El Departamento de Estado se negó a admitir este enfoque de la cuestión, aduciendo que, en base a él, un individuo vivo, en este caso el hombre, podía componerse de piezas tan indiscutiblemente desprovistas de vida como lo son los robots. Acto seguido, el abogado de Mattrass presentó a las autoridades una peritación del grupo de los más eminentes físicos de Harvard, quienes afirmaban al unísono que todos los organismos vivos, entre ellos el humano, estaban construidos de partículas atómicas, y que éstas, sin lugar a dudas, no podían ser consideradas como vivientes.

Viendo que el problema empezaba a adquirir un cariz inquietante, el Departamento de Estado renunció a atacar a «Mattrass y sucesores» desde el lado físico-biológico, y volvió al texto inicial, cambiando la palabra «continuación» por «producto». El abogado no tardó en replicar con una nueva declaración de Mattrass, en la cual este último informaba que los llamados robots eran en realidad sus hijos. El Departamento de Estado exigió la exhibición del acta de adopción: fue una maniobra hábil, ya que las leyes no preveían el prohijamiento de robots. El abogado de Mattrass explicó rápidamente que no se trataba de adopción, sino de paternidad verdadera. El Departamento dictaminó que, según los reglamentos vigentes, los hijos debían poseer un padre y una madre. El abogado, preparado para esta eventualidad, adjuntó a las actas de la causa un escrito de la ingeniero electrónico Melania Fortinbrass, declarando que la venida al mundo de las personas en cuestión ocurrió durante su estrecha colaboración con Mattrass.

El Departamento de Estado puso en entredicho la naturaleza de aquella colaboración por estar desprovista de «rasgos naturales de procreación». En el caso mencionado - manifestaba el exposé gubernamental- sólo se podía hablar de la paternidad, eventualmente maternidad, en el sentido metafórico puesto que se trataba de una procreación espiritual, mientras que la legislación exigía, para que las leyes concernientes a la familia pudieran ser aplicables, la paternidad corporal.

El abogado de Mattrass pidió que se le explicara en qué consistía la diferencia entre la paternidad espiritual y la corporal, y preguntó en qué se basaba el Departamento de Estado al considerar que los frutos de la unión de Catodio Mattrass y Melania Fortinbrass carecían del carácter físico de infantes.

El Departamento contestó que la participación de fuerzas espirituales en la procreación conforme a la letra de ley familiar era insignificante, perteneciendo la preponderancia la actividad física, o sea, lo contrario del caso en cuestión.

El abogado contrarrestó la objeción produciendo un certificado de los peritos parteros cibernéticos, que demostraba cuántas fatigas (en el sentido físico de la palabra) tuvieron que soportar Catodio y Melanla para traer al mundo su autógena descendencia. Finalmente el Departamento se vio obligado a prescindir del respeto al decoro público. Dando un paso drástico, manifestó que las actividades progenitoras que deben preceder al modo de causa-efecto la aparición de los hijos, se diferenciaban esencialmente de la programación de los robots.

El abogado sólo esperaba esto: sostuvo que en cierto sentido los hijos también eran programados por los padres durante las operaciones preparatorias e iniciales, y exigió que el Departamento definiera con exactitud cómo, según su criterio, había que concebir a los hijos para que fuera compatible con la letra de la ley.

El Departamento convocó a los especialistas y preparó con su ayuda una contestación exhaustiva, ilustrada con láminas en color y mapas topográficos. Sin embargo, como el autor de este Libro Rosado era un anciano de ochenta y nueve años de edad, el profesor Truppledrack, senior de la ginecología americana, el abogado hizo inmediatamente reservas en cuanto a su competencia en materia de operaciones preparatorias e iniciales de la paternidad, aduciendo el hecho de que la edad, tan avanzada, del profesor, le habría hecho olvidar ciertos detalles esenciales para la causa, obligándole a recurrir a los rumores y relatos de terceras personas.

El Departamento se resolvió entonces a apuntalar el Libro Rosado con declaraciones juradas de numerosos padres y madres, pero resultó que sus exposiciones contenían diferencias bastante notables. Varios elementos de las fases iniciales discrepaban notoriamente de los otros en muchos puntos. El Departamento, viendo cómo la imprecisión funesta empezaba a embrollar aquel problema clave, quiso agarrarse al material de construcción de los llamados «hijos» de Mattrass y Fortinbrass; pero justo entonces corrió la noticia de que Mattrass había hecho un pedido de 450.000 toneladas de ternera (como se aclaró más tarde era una noticia falsa difundida por el abogado) a la Corned Beef Company, y el subsecretario de estado renunció al instante a las medidas proyectadas.

En vez de hacer esto, el Departamento, obedeciendo a una desafortunada sugerencia del profesor de teología, superintendente Speritus, se apoyó en la Biblia. Fue un paso muy imprudente: el abogado de Mattrass paró el golpe con un largo memorial, demostrando en base a citas que Dios había programado a Eva a partir de una sola pieza, procediendo, respecto a los métodos empleados habitualmente por los hombres, de manera extravagante, lo que no le impidió crear un ser humano, ya que nadie que esté en sus cabales tomaría a Eva por un robot. En contestación, el Departamento preparó una acusación contra Mattrass y sucesores por un hecho que infringía la ley Mac Flacon y Otros: el de entrar en posesión (como robot o robots) de un cuerpo sideral, siendo que la legislación prohibía a las máquinas pensantes ser propietarios de un planeta o cualquier bien inmueble.

Esta vez el abogado exhibió ante el Tribunal Supremo la copia de todas las actas dirigidas por el Departamento contra Mattrass en conjunto, subrayando que, primero: al confrontar ciertos párrafos de los escritos resultaba que, según el Departamento de Estado, Mattrass era su propio padre e hijo a la vez y al mismo tiempo constituía un cuerpo celeste; segundo: acusó al Departamento de interpretar el decreto de Mac Flacon de manera no coincidente con la ley. Con una arbitrariedad total, el cuerpo de una persona, o sea el del ciudadano Catodio Mattrass, había sido reconocido como un planeta. El enunciado -añadió el abogado- estaba en un absurdo jurídico, lógico y semántico. Así empezaron las cosas. La prensa dejó de lado otros temas, escribiendo profusamente sobre «Estado-planeta-padre-hijo». Las autoridades intentaron nuevos procedimientos, todos torpedeados en ciernes por el infatigable abogado de Mattrass. El Departamento de Estado se daba perfecta cuenta de que si el malicioso Mattrass pululaba, multiplicado, en la Nebulosa de Cáncer, no era para divertirse. Lo que buscaba era crear un precedente no previsto por la ley. La impunidad de sus intrigas constituía el peligro de unas consecuencias incalculables en el futuro. Por tanto, los mejores especialistas pasaban días y noches cavilando sobre las actas y concibiendo construcciones jurídicas cada vez más arriesgadas, en cuya maraña debía finalmente prenderse Mattrass y su hazaña desleal. Sin embargo, cada acción era contrarrestada inmediatamente por la contramedida del consejero jurídico de Mattrass. Yo mismo seguía con vivo interés el transcurso de aquella lucha, cuando recibí inesperadamente de la Asociación de Abogados la invitación a una asamblea plenaria, especial, dedicada a la problemática de la interpretación del «Casus» Estados Unidos versus Catodio Mattrass, vel Catodio Primero A, vel frutos de la unión Mattrass et Fortinbrass, vel planeta en la Nebulosa de Cáncer».

No dejé, naturalmente, de dirigirme a la hora y fecha previstas al lugar indicado; la sala ya estaba llena hasta los topes. La flor de la magistratura colmaba los enormes palcos, las galerías y las filas de butacas de la platea. Como llegué con un poco de retraso, los debates habían empezado. Me senté en una butaca libre de la última fila y me dispuse a escuchar las palabras de un orador de pelo blanco.

-¡Honorables colegas! -dijo levantando los brazos con énfasis-. Somos conscientes de las dificultades inauditas que encontraremos al proceder a un análisis jurídico del problema. Un tal Mattrass, ayudado por una tal Fortinbrass, se transformó en robots, aumentándose al mismo tiempo en la escala de uno a un millón. Este es el aspecto de la cuestión desde el punto de vista de un profano, profundamente ignorante e ingenuo al extremo, incapaz de advertir el abismo de problemas legales que se abre ante nuestros atónitos ojos. Nuestra primera tarea es la de discernir con quién tratamos: ¿un hombre, un robot, un estado, un planeta, unos hijos, una banda de conspiradores, un mitin contestatario, o una sublevación? ¡Hemos de darnos cuenta de la importancia de nuestra decisión! Si determinamos por ejemplo, que no se trata de un estado sino de un agrupamiento impostor de robots, una especie de agolpamiento eléctrico, entonces en este caso no serán aplicadas las normas del derecho internacional, sino las prescripciones referentes a la perturbación del orden en la vía pública. Si decimos que Mattrass no dejó de existir a pesar de haberse multiplicado y que tiene hijos, resultará que ese individuo se dio a luz a sí mismo, lo que proporcionaría grandes quebraderos de cabeza a la legislación, ya que nuestras leyes no prevén esta clase de situaciones, y sin embargo, ¡nullum crimen sine lege! En vista de esto, ¡propongo que el primero en tomar la palabra sea el insigne especialista en derecho internacional, profesor Pingerling. El venerable profesor subió al podio, saludado por los cálidos aplausos de la concurrencia.

-¡Señores! -dijo con voz senil, pero vigorosa-. Pensemos, para empezar, cómo se funda un estado. Se lo funda. por supuesto, de diversas maneras: nuestra patria, por ejemplo, era antaño una colonia inglesa, luego se proclamó independiente y se constituyó en estado. ¿Fue éste el caso de Mattrass? He aquí la contestación: si Mattrass, al transformarse en robots, tenía la mente sana, su estado constitucional puede considerarse legalmente habido, definiendo supletoriamente su nacionalidad como eléctrica. En cambio, si no estaba en sus cabales, ¡su acto no disfrutaría del reconocimiento legal!

En medio de la sala se incorporó de un salto un anciano de edad todavía más provecta que la del orador y exclamó:

-¡Señoría, perdón, señores! Me permito observar que aunque Mattrass fuera un creador de estado demente, sus descendientes pueden estar en su sano juicio; por ende, el estado cuya existencia tenía al principio el carácter de un síntoma morboso por ser producto de una locura privada, empezó a existir luego públicamente de facto por el mero hecho de la aceptación por sus ciudadanos eléctricos de la situación creada. Y puesto que nadie puede prohibir a los ciudadanos de un estado, de cuyo sistema legislativo ellos mismos se encargan, el acatamiento a la autoridad, por más demente que fuera (la historia nos enseña que no sería éste el primer caso), ¡la existencia del estado Mattrassiano de facto implica su existencia de iure!

-Usted perdonará, respetable antagonista -dijo el profesor Pingerling-, pero Mattrass era un ciudadano nuestro y, por eso...

-¿Y qué más da? -gritó el impetuoso anciano desde su asiento-. ¡Podemos reconocer el acto estatal de Mattrass o no reconocerlo! Si aceptamos el hecho de la creación de un estado soberano, nuestras pretensiones están fuera de lugar. Si no lo aceptamos, se nos presenta una alternativa: ¿tiene Mattrass la capacidad legal, o no la tiene? En el caso negativo, todo el problema incumbe a los barrenderos de la Organización de Limpieza Cósmica, ya que en la Nebulosa de Cáncer sólo se encuentran montones de chatarra y nuestra asamblea está perdiendo el tiempo. Si admitimos que la tiene, aparece una nueva cuestión. La legislación Cósmica prevé la posibilidad de arresto, o sea, de la privación de libertad de la persona jurídica y física, en un planeta o a bordo de una nave. Mattrass no se encuentra a bordo de una nave, más bien en un planeta. Hace falta, pues, pedir su extradición, pero ¿a quién se la pedimos? Además, el planeta en el cual se halla es él mismo. Por consiguiente, en aquel lugar, desde el único punto de vista que nos interesa, la Majestad de la ley constituye un vacío, una especie de la nada jurídica. Pues bien: ni las prescripciones del orden, ni el derecho penal, ni el administrativo, ni el internacional se ocupan de nada. Por lo tanto, el enunciado del honorable profesor Pingerling no puede esclarecer el problema, ¡porque el problema no existe!

El anciano se sentó, dejando boquiabierta a la alta asamblea.

Durante las siguientes seis horas escuché a unos veinte oradores que demostraron sucesivamente, de manera lógicamente exacta e incontestable, tanto que Mattrass existía, como que no existía; que había fundado un estado de robots, o bien un organismo compuesto de ellos; que Mattrass debía ser convertido en chatarra por haber infringido toda una serie de leyes; que no había infringido ninguna; la teoría del abogado de Estado Wurpl, según la cual Mattrass era a veces planeta y a veces robot, o bien ni una cosa ni otra, que debía, por conciliadora, dar satisfacción a todo el mundo, provocó la ira general y no encontró ningún partidario salvo su autor. Sin embargo, todo esto era poca cosa comparado con el curso ulterior de las deliberaciones, ya que el ayudante mayor de cátedra, Milger, demostró que Mattrass, transformándose en robots, había multiplicado su personalidad, llevándola al número de trescientos mil, más o menos; puesto que ni por asomo se podía pretender que esta muchedumbre representara una agrupación de personas distintas, siendo de hecho la misma y la única individualidad, repetida innumerable veces, Mattrass era un solo hombre bajo trescientos mil ejemplares.

Aquí el juez Wubblehorn manifestó que el problema había sido debatido desde el principio bajo un enfoque falso: admitiendo que Mattrass era un hombre que se transformó en robots, aquellos robots no eran él, sino otro; visto que era otro, había que investigar quién era el otro; no siendo un hombre, no eran nadie; no existía, pues, no sólo el problema jurídico, sino ni siquiera el físico, ya que en la Nebulosa de Cáncer no había, sencillamente, nadie. La atmósfera de la sala se volvió tumultuosa: sufrí varios golpes a manos de unos partidarios de tesis diferentes. El servicio de orden y de sanidad estaba desbordado por el trabajo, cuando en la sala se dejaron oír de repente unas voces airadas que pretendían que se encontraran entre los presentes unos cerebros eléctricos disfrazados de juristas. La gente gritaba que se los debía expulsar inmediatamente, porque nadie podía dudar de su parcialidad, y porque no tenían derecho a asistir a las deliberaciones. En efecto, el presidente, profesor Hurtledrops, se puso a circular por la sala con una pequeña brújula en la mano, y cuando la aguja se estremecía y apuntaba a uno de los presentes, atraída por la hojalata escondida bajo el traje, el individuo era desenmascarado y echado a cajas destempladas. Gracias a este procedimiento, la sala se vació a medias durante los incesantes discursos de los profesores Fitts, Pitts y Clabenti, e incluso a este último se le interrumpió en mitad de una frase, ya que la brújula descubrió su origen eléctrico. Tras una corta pausa que aprovechamos para tomar un refrigerio en el bar en medio de la algarabía de ininterrumpidas discusiones, cuando volví al aula sujetándome la ropa con las manos porque los exaltados juristas me habían arrancado todos los botones en el fuego de la polémica, vi junto al podio un gran aparato de Rayos X. Estaba hablando el famoso abogado Plussex, según cuya opinión Mattrass era un fenómeno cósmico fortuito, cuando se me acercó el presidente con ceño fruncido y la aguja peligrosamente saltarina en la mano. Mientras los servidores del orden me asían ya por el cuello de la chaqueta, saqué de los bolsillos mi cortaplumas, un abrelatas y un huevo de metal perforado para hacer el té y dejé de influir en la brújula. Calmada la aguja, se me permitió seguir asistiendo a la reunión. Desalojados cuarenta y tres robots más, mientras el subprofesor Buttenham nos relevaba que Mattrass podía ser conceptuado como una especie de agolpamiento cósmico (recordé que esto ya se había mencionado, por lo visto a los juristas se les empezaba a agotar la inventiva), volvió a funcionar el control. Esta vez el método de comprobación consistió en llevar a los presentes ante el aparato de Roentgen y hacerles radioscopías: resultó que la mayoría ocultaba bajo sus impecables ternos piezas de plástico, corindón, nylon, cristal e incluso paja. Al parecer, en una de las últimas filas se había descubierto a una persona hecha de lana de hacer media. Cuando el orador de turno bajó de la tarima, me vi solo como una estaca en la enorme sala vacía. El orador fue comprobado y echado fuera sin ambages. Entonces, el presidente, el único hombre que quedaba conmigo en aquel lugar, se acercó a mi butaca. Ni yo mismo sé cómo ni por qué, le quité de la mano la brújula. La aguja vibró, acusadora, y se orientó hacia él. Le golpeé con el dedo la barriga: resonó como un tonel de hierro. Por puro reflejo le así del cuello, lo puse puertas afuera y me quedé sin compañía. Contemplé, solitario, centenares de carteras abandonadas, gruesas carpetas de actas, sombreros hongo, bastones, libros encuadernados en piel y chanclos. Di unas vueltas por aquella sala y viendo que allí no había nada que hacer, recogí mis cosas y me marché a casa.

V - Tragedia Lavadoriana (fragmento)

Gobierno abierto: un esquema simplificado

Este es un esquema general (aunque simplificado) de lo que implica el concepto de gobierno abierto (Open Government), un concepto muy amplio que se entiende en general como transparencia, rendición de cuentas o, a veces, como gobierno 2.0, como  institucionalización de la web 2.0 y de la política 2.0. Algunas otras veces es simplemente confundido con la mera administración electrónica.

Pero es mucho más que eso. Aquí trato de presentar una primera versión en un intento por relacionar todos los conceptos que caen bajo el gran paraguas de un gobierno abierto. Tenga en cuenta que todo el esquema es un gobierno abierto: lo que se representa en la esquina inferior izquierda, "El gobierno abierto (proyecto meta)" es tal como el proyecto en sí se presenta al ciudadano, con su propio blog, su propio repositorio de software y las relaciones institucionales con otros gobiernos.

El esquema no es exhaustivo, sólo tiene como objetivo destacar los componentes principales.

Traducido desde ICTlogy 28 febrero 2016 bajo licencia CC 3.0


“El neoliberalisme aplica la necropolítica, deixa morir les persones que no són rendibles”


Clara Valverde introdueix el seu nou llibre amb l'al·lusió al text d'una pintada a la paret: "Amb la dictadura ens mataven. Ara ens deixen morir". A ‘De la necropolítica neoliberal a l'empatia radical’ ( 'Icària / Más madera') aquesta activista política i social i escriptora sosté que el sistema neoliberal és incompatible amb la lluita contra la desigualtat. Per a ella, aquest sistema divideix la societat en exclosos i inclosos. Es desentén dels primers i atemoreix els segons per perpetuar i augmentar el poder i la riquesa dels privilegiats.

Què hem d'entendre per "necropolítica neoliberal"?

‘Necro’ és la paraula grega per ‘mort’. Les polítiques neoliberals són unes polítiques de mort. No tant perquè els governs ens matin amb la seva policia, sinó perquè deixen morir la gent amb les seves polítiques d'austeritat i exclusió. Es deixa morir els dependents, els sense sostre, els malalts crònics, les persones en llistes d'espera, els refugiats que s'ofeguen al mar, els emigrants als CIEs...

Als cossos que no són rendibles per al capitalisme neoliberal, que no produeixen ni consumeixen, se'ls deixa morir.

Com s'aconsegueix convèncer els ciutadans que aquesta ‘necropolítica neoliberal’ els beneficia? Perquè no hi ha una rebel·lió massiva contra ella?

Els que encara no estan exclosos, els que encara es creuen el mite que en aquesta societat som lliures accepten i fan seu allò que diuen els poderosos i la seva premsa: que els exclosos no són com ells, que són una gent esparracada, bruta, rara, diferent, amb mala sort i mals hàbits. El mite que ha calat és que els exclosos s'han buscat la situació que pateixen.

No hi ha una rebel·lió massiva contra les necropolítiques dels governs, contra l'exclusió, perquè la gent que encara no està exclosa no s'identifica amb els exclosos. Pensen "aquest no sóc jo", "això no em passarà a mi". No es deixen identificar amb els que pateix, no hi ha empatia radical. I en realitat les necropolítiques ens afecten a tots. Quan aquesta persona inclosa emmalalteixi serà possiblement exclosa sense ingressos i sense ajuda.

En aquest disseny social hi ha ciutadans exclosos i ciutadans inclosos. Ningú defensa els exclosos?

Molt poca gent defensa els exclosos. Quanta gent s'organitza per donar suport als sense llar? Quanta gent ajuda els ancians o malalts crònics i les seves associacions? A la PAH hi ha suport mutu i empatia radical però gairebé tots els que estan actius a la PAH són afectats ells també pels desnonaments.

Els inclosos creuen estar fora de perill de la seva expulsió del sistema però els adverteixes que en qualsevol moment poden caure en l'exclusió. La por a l'exclusió fomenta la insolidaritat en la nostra societat?

Els que ara tenen la sort de no estar malalts, desnonats, en atur, haurien de pensar que la majoria, llevat del cas que tinguin molt capital econòmic, podrien arribar a ser exclosos. Posem que ets conductor d'autobús. Si emmalalteixes, encara que portis cotitzant anys, és molt possible que l'Institut Català d’Avaluacions Mèdiques (ICAM) et doni l'alta encara que estiguis massa malalt per treballar. Llavors, què faràs? Sense poder treballar, sense ingressos i amb les despeses que una malaltia comporta i que no cobreix la Seguretat Social...

El poder neoliberal s'assegura que els inclosos no es refiïn dels exclosos, que els vegin com estranys, diferents, desagradables i no es solidaritzin amb ells.

El neoliberalisme imposa la seva necropolítica mitjançant la violència. Però aquesta violència no sempre és explícita. Diu que la més eficaç per als interessos del neoliberalisme és la 'violència discreta'. A què es refereix?

Per exemple, les retallades, la mercantilització i la privatització de la sanitat pública són una violència discreta. No maten a trets als malalts en llistes d'espera. Però quants moren per aquestes llistes inacabables? Aquestes llistes són tan llargues perquè els administradors de la sanitat pública i els polítics l’han organitzat de forma que la sanitat privada la "xucli". I això té, com a una de les seves conseqüències, el sofriment i la mort lenta dels malalts que esperen.

Assegura que ens han canviat el sentit de les paraules i que per combatre la necropolítica neoliberal cal tornar a dir les coses pel seu nom? Quines trampes del llenguatge destacaria?

Cal anomenar les coses pel seu nom. Els polítics de dretes neoliberals, els que van de "centristes", tots aquests ens maltracten. No hi ha una altra paraula. És maltractament. Les condicions laborals són maltractaments. Les retallades són maltractaments. Les lleis mordassa són maltractaments.

Hi ha moltes trampes lingüístiques. Que la gent faci seves les frases-trampa dels poderosos és preocupant. Frases com "és el que hi ha", "no em puc queixar", "no podem empitjorar", "no passa res", etc... I el ‘pensament positiu’ que fa que la gent se senti culpable d'estar enfadats amb els polítics i de la situació actual.

La tolerància és una altra gran trampa. La tolerància és molt violenta. S'intenta dir que és bona, que sí, que cal tolerar aquell que és diferent. ‘Tolerar’ vol dir ‘aguantar’ i és una posició de poder sobre l'altre. "Jo t’aguanto encara que siguis pobre, trans, negre, autista, etc". No, les diferències no són per ser tolerades. Les diferències cal mirar-les, entendre perquè hi ha desigualtats entre grups diferents i canviar la situació. Cal assenyalar les desigualtats i lluitar contra elles al mateix temps que celebrem la diversitat.

Xoca que parli de la contractació de discapacitats o del paper de les ONGs com un instrument manipulat pel neoliberalisme en interès propi.

Aquí no es parla d'això però en molts països, sí. Hi ha nombrosos autors que parlen del "ONGisme" i del "Inspiració Porn".

El ONGisme és la utilització de la comunitat per fer la feina que hauria de fer el govern amb els nostres diners. L’ONGisme és un tema complex perquè la bona gent que s'implica en una ONG ho fa amb bones intencions. Però després són ells els que han de retallar i fer que els seus empleats acceptin sous miserables per realitzar tasques que corresponen a l'Estat de Benestar.

Esmenta alguns exemples d'aquesta manipulació en la publicitat

Fa uns anys la Fundació La Caixa utilitzava persones amb síndrome de Down no molt sever com a exemples de com haurien de ser els treballadors. Ara hi ha un anunci de la companyia Balay, que fa rentadores, on un sordmut diu: "Mireu!, Si un treballador discapacitat és el millor treballador, somriu i no es queixa, tu, que no ets discapacitat, hauries de callar, treballar i no protestar". Això és un exemple de "Inspiració Porn", una mena de pornografia amb els discapacitats.

Però la realitat és que la majoria dels discapacitats no tenen ingressos i pateixen molt. I si aconsegueixen una feina, la seva empresa no ha de pagar la seva Seguretat Social. És un estalvi per l’amo.

La necropolítica és especialment evident a Espanya? Destaca que en aquest país s'ha enterrat la memòria històrica del que van suposar la guerra i el franquisme, que només a Cambodja hi ha més fosses comunes per obrir.

En realitat, la necropolítica es pot veure per tot el món. Mira la situació de violència a Mèxic.

Però sí, una societat com la nostra que destaca a nivell mundial per la quantitat de persones desaparegudes i sense enterrar des de fa 80 anys, no és una societat que pugui funcionar de forma humana. Tenim a més de 100.000 avis i àvies sense enterrar encara. A quantes persones de la nostra generació afecta això directament? I indirectament?

Caminem pels camps i les cunetes i sota els nostres peus hi ha milers i milers de persones que el govern, cap govern, creu que mereixin ser trobats i retornats a les seves famílies. Això produeix una societat molt malalta.

El sistema sanitari li serveix com a exemple perfecte de la forma d'actuar d'aquesta necropolítica neoliberal. És on es fa més evident la seva forma d'actuar?

És una de les àrees en què més veiem el patiment causat per la necropolítica, perquè en el sistema sanitari es treballa amb les vides i els cossos de les persones, amb el sofriment inevitable que és part de l’ésser humà.

Et dono un petit exemple. Els professionals d'infermeria en hospitals en què s'ha implantat el mètode "Lean", mètode inventat per a les cadenes de muntatge de cotxes Toyota. Donen més importància a estar "on time" (puntuals amb la velocitat que els imposen en les seves tasques, velocitat gens humana ni per al professional ni, sobretot, per al pacient) que a la qualitat del treball i al benestar dels pacients. Diuen que estan contents si estan "on time", com si fossin conductors de Renfe!

El més greu és que aquests professionals sanitaris són ells també víctimes de l'autoritarisme i paternalisme de les administracions sanitàries. A ells els maltracten i se'ls exigeix que també maltractin. I finalment, sense adonar-se'n, acaben fent allò que molts autors diuen "governar per tercers"; o sigui, fent la feina bruta dels neoliberals. 

I simbolitza en les malaltes de Síndromes de Sensibilització Central aquesta acció. Per què?

Perquè els malalts, o malaltes perquè la majoria són dones, adolescents i nens, de SSC són almenys el 3,5% de la població, -encara que els investigadors internacionals diuen que el percentatge és molt més alt- i cada any perden una part dels pocs drets que tenien. Amb Boi Ruiz, els malalts de SSC a Catalunya, van deixar de tenir dret a accedir als seus metges. I si el nou conseller segueix l'acord Junts Pel Sí-CUP, seguiran sense poder veure el seu metge i els que emmalalteixin ara no podran ser diagnosticats.

El 80% d'aquests malalts viuen tancats a casa, als seus llits, sense cap ajuda sanitària ni social. I estan massa malalts per protestar, participar en moviments socials, etc. La majoria emmalalteixen entre els 10 i els 30 anys d'edat. No han cotitzat. Els espera una llarga vida de pobresa i sofriment al llit. I els que han aconseguit treballar uns anys i cotitzar, l'ICAM fa tot el possible perquè no tinguin una ajuda econòmica. Fins i tot els treu la pensió als que l’han aconseguit a través dels jutjats.

L'antídot contra aquesta necropolítica està en la voluntat de compartir. "Per sobreviure i viure cal compartir", diu. Funcionarà?

Les iniciatives, idees i grups implicats en el comú són l'antídot contra la necropolítica. El que el poder absolut vol dividir, nosaltres ho hem d'ajuntar. Ens hem d'ajuntar malalts, sans, trans i tots els gèneres, races diverses, gent gran, nens... Però per fer-ho hem de desenvolupar una empatia radical i començar des dels espais exclosos. No funciona que els ‘inclosos’ convidin els exclosos als seus moviments. Ha de ser a l'inrevés. Els que encara es creuen inclosos necessiten anar a aquests espais intersticials en els quals habita l'exclusió i començar des d'aquí.

En aquest sentit volia donar les gràcies a Catalunya Plural per entendre que per poder tenir aquesta conversa amb mi, que visc al llit el 90% del temps amb Encefalomielitis Miàlgica, ho hem hagut de fer a la meva manera. Uns necessiten una rampa per a la seva cadira de rodes. D’altres necessitem Skype i email.

Publicat a eldiario.es 28/02/2016 sota llicencia CC BY-SA

Buenismo

El Ventano
Se entiende por buenismo algunos esquemas de actuación política y social cuyo eje fundamental es la puesta en práctica de programas de ayuda a desfavorecidos, y cuya base es un simple sentimentalismo sin ningún tipo de autocrítica por los métodos usados ni los resultados obtenidos. No está muy claro quién ni cómo se acuñó el término. Se popularizó durante los años de presidencia de Rodríguez Zapatero, generalmente como censura a su forma de gobernar, por lo que no sería descabellado situar su origen en círculos de la derecha.

Lo que nos interesa es analizar si el buenismo es viable como método de hacer política o, por el contrario, limita a ésta o incluso es contraproducente. Quede claro por anticipado que en este artículo no se considera buenista a la persona que, por propia elección, decide implicarse en programas de ayuda de ONG u organizaciones similares. Presuponemos que esta elección implica la meditación previa sobre las ventajas e inconvenientes de la acción directa, a pie de calle, frente a la acción política, más táctica y estratégica. El artículo pues se centra en los buenistas que eligen el camino de la política, único contexto donde la definición cobra sentido.

Echemos mano para nuestro análisis de algo tan cercano como nuestra propia realidad actual, con un sistema económico en su enésima crisis y cientos de personas necesitadas que requieren medidas urgentes. La solución propuesta por el buenista es rápida y obvia: pan y cobijo para todos, las mujeres y los niños primero. Y nadie le negará la razón, a problemas urgentes medidas urgentes. Como el bombero que acude raudo a combatir las llamas, una vez apagadas el buenista volverá a su cuartel a esperar la siguiente emergencia. Podemos considerar que es un enfoque loable, ciertamente, pero ¿soluciona el problema? Obviamente no. Se limita a actuar sobre los síntomas, como el médico torpe que ante la fiebre provocada por la infección sólo atina a recetar aspirinas. El buenista rehuye la meditación sobre las causas, su análisis y disección, sea por la magnitud de la tarea (problemas complejos) o simplemente porque no los ve, ni los intuye, lo que denota conformismo con el funcionamiento del sistema (las cosas son así), esperando que éste cambie y el problema se solucione por inercia. El buenista no propone, quizás ni siquiera sospecha, que puede haber alternativas. Vemos claramente que desde este punto de vista el enfoque buenista es nocivo para la acción política. El buenista tenderá a aplicar paños calientes antes que a dirigir a los descontentos contra los causantes de sus males, lo cual éstos últimos le agradecerán enórmemente.

El estado democrático moderno, entre cuyas principales funciones está la de velar por los derechos humanos, lo que incluye educación, vivienda, sanidad y alimentación, se ve amenazado si hace dejadez de ello, como ocurre en la actualidad, y el buenista le sigue el juego cargando sobre sus hombros (e intentando cargar sobre el de los demás) esa responsabilidad. Asume pues el papel de válvula de escape para tensiones sociales que podrían amenazar seriamente el orden vigente e impuesto y que, dirigidas adecuadamente, podrían dar un vuelco a la situación.

Para terminar, el buenista suele contar con la simpatía de las mayorías. Su discurso se refiere a asuntos cotidianos que todos entendemos fácilmente, y el hecho de asumir que es bueno ser bueno, que la intención es lo que cuenta, le concede patente de corso para pintar un mundo donde la regla de oro del budismo, trata a los demás como quieras ser tratado tú, es el medio y el fin a alcanzar. Es evidente que la regla en cuestión puede considerarse a nivel de relaciones personales, pero que resulta totalmente inadecuada para plantearse en el marco de las relaciones entre fuerzas sociales, donde la regla es el juego del poder y la gestión y control de los abusos por parte de élites, económicas o de otro tipo. En este ámbito la moralina está fuera de lugar y se requiere trabajar con datos concretos y fiables, estrategias claras y convicciones firmes, un trabajo complicado en un mundo con pocas certezas.

El buenismo también es un recurso muy utilizado por arribistas políticos sin ideas propias ni ajenas, pero estos constituyen un caso patológico que dejamos para otro artículo.

Los espacios de solidaridad fallan por la falta de empatía radical

Entrevistamos a Clara Valverde, afectada por una enfermedad crónica, escritora y ciberactivista, que acaba de publicar un libro en el que denuncia cómo las políticas neoliberales buscan el exterminio de las persones excluidas y hace una llamada a la autoorganización del sufrimiento.

El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) ya está en librerías.

El neoliberalismo no necesita armas para matar. Las paradas, las precarias, las enfermas, las emigrantes, las sin techo, las no rentables, todas ellas están sufriendo en su propio cuerpo una forma de política orientada a su exterminio.

En su último libro, Clara Valverde se refiere a esta guerra contra la exclusión con el nombre de “necropolítica” (del griego necro, “muerte”). Y para hacer frente a esta situación, apuesta por la autoorganización del sufrimiento social. ¿Cómo hacerlo? Los espacios de coordinación de luchas y de apoyo mutuo a menudo hacen aguas al trabajar en los márgenes del sistema. “Fallan”, según la autora, “porque la gente no piensa que el sufrimiento que viven otros, esa situación difícil, les pasará a ellos”. “Les falta empatía radical”, afirma.

El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) ya está en librerías. En sus páginas se explica que la línea divisoria entre las personas “incluidas” y las “excluidas” es cada vez más fina. La autora lo sabe muy bien. Fue profesora de enfermería durante décadas y activista desde muy joven. Ahora está demasiado enferma para continuar dando clases. Desde su cama, en los pequeños ratos en el que el cuerpo se lo permite, escribe y es ciberactivista. Es la presidenta de la Liga SFC/SSC (Síndrome de Fatiga Crónica/Síndromes de Sensibilización Central). “Somos radicales porque vivimos una realidad radical”, dice. Por eso apuesta por la radicalización de la empatía como forma de supervivencia y de lucha.         

“Estamos en guerra: los que tienen en poder neoliberal    nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos”.

HR: Desde la exclusión, ¿se ve el mundo más claro? Explícanos alguna cosa que solo se ve desde aquí.

CV: Se ve la gran negación en la que vive la mayoría de la gente. Es impresionante. Estamos en guerra: los que tienen el poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Hay gente que no tienen techo, comida, ayuda. Aquí mismo, delante nuestro. Pero casi nadie lo ve. Casi nadie se inquieta. Veo que la gente está demasiado tranquila. No son tiempos para la tranquilidad. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos.

HR: En el libro hablas de formas de violencia discreta. ¿Nos das algunos ejemplos?

CV: El paternalismo, el pensamiento “positivo”, la manipulación y perversión de la participación ciudadana son algunos ejemplos. La tolerancia es otro tipo de violencia discreta. Si yo “tolero” a alguien, es que tengo poder sobre esa persona. La aguanto. La desprecio. Se dice que hay que tolerar las diferencias. No, lo que hay que hacer es analizarlas, hablarlas, ver a quién sirven, mirar bien a qué se deben.

“Las 250.000 personas que viven con los Síndromes de Sensibilización Central en Catalunya están dando un aviso al resto de la Sociedad sobre el nivel de crueldad que puede al que puede llegar el neoliberalismo”.

HR: Te refieres al caso de los enfermos de los Síndromes de Sensibilización Central (SSC), que tan bien conoces- en tu propia piel-, como un “aviso”. ¿De qué nos están avisando?

CV: Las 250.000 personas que viven con estas patologías en Catalunya están dando un aviso al resto de la sociedad sobre el nivel de crueldad al que puede llegar el neoliberalismo. Los enfermos de SSC ya tenían pocos derechos y no eran creídos, y ahora, en Catalunya, se les ha quitado el derecho a seguir viendo a sus especialistas. Y se les está retirando las pensiones. Lo que están haciendo las administraciones sanitarias con los enfermos de SSC lo harán con el resto de los enfermos en el futuro. Están viendo que lo pueden hacer y que no hay una alarma social. Eso anima a los administradores y a los gobiernos a excluir más grupos.

CV: Los enfermos de SSC son un aviso de que puede haber en nuestra sociedad cientos de miles de personas que sufren y nadie hace nada para ayudarles. Son un aviso de lo poco empáticos que pueden llegar a ser los seres humanos.

CV: También los SSC son un aviso de lo tóxico que es nuestro medio ambiente. Los productos químicos provocan y perpetúan estas enfermedades. Solo hay que ver a gente que no pueden salir de su casa sin una mascarilla industrial para hacerse la idea de lo que va a ocurrir a los seres humanos en los próximos años.



“En Catalunya desde hace unos meses hay mucha gente que antes estaba muy activa trabajando para la justicia pero ahora está inactiva, esperando. No sé a qué está esperando. Esta espera de que algo o alguien cambie, eso es participar en la necropolítica”.  

HR: ¿Somos cómplices de la necropolítica del neoliberalismo? ¿En qué sentido?

CV: Todos somos cómplices de las políticas mortíferas del neoliberalismo si nos creemos las mentiras de los poderosos y su prensa, si participamos en excluir a los nuevos llegados, a los que no tienen privilegios, a los que sufren. Somos cómplices si no nombramos claramente las injusticias y las desigualdades que vemos. En Catalunya, desde hace unos meses, gente que antes estaba activa trabajando por la justicia, ahora está inactiva, esperando. Este esperar a que algo o alguien cambie, eso es participar en la necropolítica. No hay menos sufrimiento. No hay menos desigualdades. Entonces, ¿por qué la gente está esperando?

“El ICAMS funciona por cuotas y con recortes. No tienen en cuenta la salud de la gente. Son los “mercenarios” del Departament de Salut”.

HR: ¿Por qué crees que a menudo fallan los espacios de coordinación de lucha como espacios de apoyo mutuo?

CV: No siempre fallan, pero fallan porque la gente no piensa que ese sufrimiento que viven los otros, esa situación difícil, les puede pasar a a ellos. La Acampada ICAMS es un buen ejemplo. Estadísticamente, un tercio de la población desarrollará una enfermedad crónica antes de los 65 años de edad. Eso quiere decir que tendrán que pasar por el temido ICAMS [Insitut Català d’Avaluciones Mèdiques i Sanitàries], y seguro que le darán el alta aunque esté demasiado enfermo para trabajar.

CV: El ICAMS funciona por cuotas y con recortes. No tienen en cuenta la salud de la gente. Son los “mercenarios” del Departament de Salut. Es una injusticia que es o ha sido parte de la vida de muchísimos catalanes. Y, ¿cuánta gente va a las concentraciones semanales delante del ICAMS para protestar contra las altas injustificadas? Pues menos de 100 personas. Y los otros, ¿a qué esperan? ¿A que les toque a ellos? Falla por falta de empatía radical.

HR: Sí, en tu libro hablas de esta empatía radical. ¿En qué se diferencia de la solidaridad?

CV: Solidaridad es una bonita palabra que ha estado muy manipulada y que puede querer decir muchas cosas diferentes dependede quién la utilice. Empatía es ponerse en el sitio del otro, del que sufre. Es intentar imaginarse lo que vive, y mostrarle que su sufrimiento nos importa.

CV: La empatía radical es una idea que he ido desarrollando que no es solo imaginarse e interesarse por el sufrimiento del otro. Es darse cuenta de que el otro no es tan diferente de nosotros. En esta sociedad neoliberal, mucha gente que ahora no están en dificultades, fácilmente pueden estarlo. Si una enferma pierde su trabajo, las políticas neoliberales la dejarán de lado como si fuera basura.

CV: La empatía radical es tomar conciencia de que uno es también el que duerme en el cajero, el que come en Cáritas. Y si uno tiene aún más capacidades radicales, se puede imaginar que también es el refugiado que este invierno se muere de frío en un campamento de refugiados. La mayoría de la gente que no está en dificultades, los “incluidos”, en esta sociedad están muy cerca de ser excluidos.

HR: Santiago López Petit lanza esta pregunta en el prólogo del libro y ahora te la devuelvo: “¿Cómo autoorganizamos el sufrimiento social? En otras palabras, cómo incorporamos la exclusión social al llamado ‘común’?”

CV: El prólogo de Santiago es excelente. ¡Hay que leerlo! Para organizarnos, los que aún no están excluidos deberían acercarse a la realidad y a los espacios de los excluidos. En estos espacios no hay sitio ni tiempo para repetir maneras de organizarse que ya ha demostrado su inutilidad. Crear y mantener estructuras verticales y líderes ha demostrado ser una pérdida de tiempo, energía y aburre y desmoviliza. Aparte de que reproducen autoritarismo y machismo. Yo creo que tenemos que retomar y potenciar las maneras horizontales de organizarnos que llevamos a cabo en el 15-M. Hay mucha gente que ahora han vuelto hacia atrás a estructuras y maneras de organizarse que son verticales. Necesitamos crear pequeños grupos de afinidad para después hacer enjambre con otros para acciones puntuales. La manera de organizarnos tiene que ser ética. El proceso es el producto.Como decían los compañeros de Occupy Wall Street: “No tenemos reivindicaciones. Nosotros somos las reivindicaciones”.

Entrevista de Homera Rosetti, La Directa 30/11/2015
Publicado en PARS 15/1/2016